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Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

(Jn. 3.16)

 

LA SOLUCIÓN

 

Aunque tal realidad se plasma con claridad en la Sagrada Escritura,

También dice: "Hay esperanza para el que está entre los vivos",

confirmando así el acierto:

¡Perro vivo es mejor que león muerto!

¿Qué te dice, pues, la Biblia? ¡Sí, a ti que estás leyendo!

Porque como antes razonamos (y quedó evidenciado):

Si todos vanamente vivimos e indefectiblemente morimos,

¿Qué podrá darle sentido a Salomón cuando dice que "el mejor de los destinos resulta en un abortivo"?

(Que en un corto soplo llega y en oscuridad se va).

¿Qué hacer ante un despropósito tal?

¿Adónde ir?

 

La mejor interrogante para solución del mal, no es qué hacer o adónde ir, sino más bien:

¿a Quién ir?

Esta pregunta crucial no es dilema personal del pescador galileo,

Sino de ti, que hoy leyendo, te obliga a sopesar el conflicto trascendente,

Lo digo sinceramente porque seguramente…

sabes que morirás.

 

¿Por qué no considerar, entonces, aunque sea brevemente, el tema de las dos muertes?

Pero, quizás no estás al tanto acerca de la segunda.

Veamos: está la primera (de la cual ya platicamos),

Pero hay otra, que por su fuego y azufre impone desasosiego,

la describe Apocalipsis como el gran “Lago de Fuego”

Y he de reconocer que el asunto se complica hasta...

la desesperación,

A no ser que haya un mentor de un mensaje alentador,

Alguna buena noticia que, por ejemplo, te diga:

¡Hay resurrección y vida!

Y te expliquen, sin ambages (y sin religiosidad), cómo poder alcanzar

esa Verdadera Vida, la que una vez obtenida, testificará ante ti mismo que ya

no morirás.

La solución, pues, del problema, se llama la Vida Eterna,

Proviene de Jesucristo y te salva de la Muerte

(me refiero a la segunda, es decir, la verdadera).

 

Y el anuncio continúa con la historia de este Hombre

diferente,

Que en el tiempo y el espacio se introduce

de repente

Toma para Sí un cuerpo humano y se yergue inmaculado,

¡Y resulta solución de lo planteado!

 

Considerado, en efecto, el ejemplo de Su vida,

Según nos la describe Su Palabra bendecida:

Va dando vista a los ciegos, abriendo oídos a sordos,

haciendo andar a los cojos y limpiando a los leprosos,

El Hijo de Dios camina resucitando a los muertos,

Desatando a los cautivos por el diablo y sus demonios.

 

Aunque algunos ven muy bien, no por eso Lo perciben, (de que Dios está en la tierra),

Y movidos por envidia y por iras inusuales, violentas

y tenebrosas

Lo someten a vilezas y crueldades espantosas:

Lo escarnecen y lo escupen y flagelan y lo clavan

en la cruz:

Las manos que hicieron la luz se rinden para salvar,

Los colmillos, afilados, muerden Su calcañar,

Y el ofídico veneno, extracto de la lepra de todos los leprosos,

llaga a Jesús...

Y solo, y por Dios abandonado, inclina Su frente con el corazón estallado,

Después de haber orado por ti y por mí, que juntos

lo matamos.

Con la soga de tus pecados el Omnipotente ha permitido

ser atado

Y ya muerto, y por la jabalina traspasado,

La tierra, reseca de justicia, se bebe presto la sangre divina que de Su costado

ha manado...

 

Transcurren tres días, cada uno con sus noches,

Y cuando parece no haber esperanza alguna…

El conflicto de los siglos en el Infierno mismo queda solucionado:

No puede la Muerte retener al Hombre, porque el precio de tu rescate

ha sido consumado...

 

Y triunfante, como evidencia de que has sido perdonado

emerge el Resucitado,

Para dar lugar a la época más singular

De un amor expresado en el perdón de los pecados y de todo otro buen don

Que al bendito Dios del cielo se le pudiera ocurrir

Teniendo regalos mil para quien quiera aceptarlos, por ejemplo:

¡Bendito sea el día de hoy!, que me permite anunciar la gratuita solución personal

a tu problema mortal:

Dar sentido a lo que hasta ayer era tu vana existencia,

Ineluctable experiencia de lo único trascendente que te podía ocurrir:

que te ibas a morir.

 

Es por ello que la muerte de Jesús, el Señor, y de Su resurrección,

Es una noticia buena que vale la pena oír, aunque sea una vez,

pero con muchísima atención:

                                           Con aseveraciones expeditas y evidencias inauditas,

                                           Jesucristo afirma ser la Resurrección y la Vida,

                                           Y con gran perspicuidad, sin ninguna vaguedad,

                                           El Bentido Redentor te evangeliza personalmente: 

                                           "Si crees en Mí, vivirás eternamente."

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