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luz“pero el Paracleto, el Espíritu Santo,
a quien el Padre enviará en mi nombre, Él
os enseñará todas las cosas y
os recordará todo lo que os dije.”
(Juan 14.26)

 

La traducción del sustantivo griego Parákletos (nominativo, masculino, singular), envuelve diversos problemas de tipo lingüstico y doctrinal; pero es evidente que difícilmente pueda definirse mediante una sola palabra a la Tercera Persona de la Deidad actuando como Parákletos a favor del creyente. Esto es de fácil comprobación si uno arriesga (dentro de las limitaciones humanas) hacer una somera descripción de las acciones del Espíritu Santo que, como Parákletos, envuelven al creyente desde el nuevo nacimiento hasta su glorificación. Intentémoslo: Parákletos es el Engendrador y Santificador, pero también el Persuasor y Guiador. Es igualmente el Enseñador, el Recordador y el Sustentador. Él es el Dador y Mantenedor de la fe, la esperanza, la alabanza, el gozo y el amor. Es el Ayudador, el Intercesor y el Defensor; es el Protector, el Fructificador, y claro está…, también es el Consolador. ¿Cuál apelativo integrar entonces al Texto? Explicado como ha sido, no tenemos propuesta mejor que transliterar la palabra griega de manera que se lea Paracleto

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