10. Conclusión
La Escritura presenta al Hijo como enviado por Dios, Santo desde su entrada en la condición humana y poseedor de un cuerpo preparado para Él. Lo engendrado estaba en María, pero su origen se atribuye al Espíritu Santo. La razón propuesta para esta procedencia directa no es que el pecado sea una característica genética, sino que el Redentor debía situarse fuera de la descendencia natural constituida bajo el reinado de la Muerte. El problema adámico se manifiesta universalmente en que todos mueren; la victoria del último Adam se manifiesta en que Él vence a la Muerte y comunica vida. Sobre esta base, el estudio propone que Dios constituyó directamente el primer estado corporal del Hijo y que María lo gestó y dio a luz verdaderamente, sin aportar su constitución genética.Esta procedencia no disminuyó su humanidad. El último Adam participó realmente de sangre y carne, ofreció su propia sangre y venció a la Muerte. Así, donde el primer Adam introdujo pecado, condenación y Muerte, el segundo Hombre trajo justicia, resurrección y vida.