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6. El primer estado corporal del Ungido
Las dos explicaciones presentadas abordan el origen corporal de Jesús:

A

La primera teoría sugiere que María aportó un óvulo, contribuyendo con veintitrés cromosomas y ADN mitocondrial, por ende, con la mitad de la constitución genética del nuevo organismo. Así, el primer estado corporal de Jesús se habría formado a partir de la información genética de María y una contribución sobrenatural de Dios.

B

La segunda teoría postula que Dios constituyó directamente el primer estado corporal de su Hijo y lo implantó en el útero de María. En este escenario, María no habría aportado el óvulo ni sus veintitrés cromosomas; su función habría sido gestacional: recibir, nutrir, llevar a término y dar a luz al nuevo ser.
Estas explicaciones difieren en la atribución del origen genético del cuerpo de Jesús. Si María aportó un óvulo, también contribuyó genéticamente. Si Dios originó directamente ese primer estado corporal, María fue su gestante, pero no su fuente genética.La propuesta de este estudio parte de la premisa de que el Redentor no podía ser simplemente otro descendiente natural del primer Adam. Según Pablo, la descendencia natural de Adam se caracteriza por pertenecer al orden donde reinan el pecado y la Muerte (Ro 5.12-19). Por ello, el Salvador no podía ser presentado como alguien que primero necesitara ser librado de la misma condición que había venido a redimir. María, como parte de la humanidad pecadora, estaba sujeta al pecado y a la muerte, y necesitaba salvación. El que nacería de ella, en contraste, debía ser santo, sin pecado y ofrecerse sin mancha.Por ello, la Escritura no presenta a Jesús como un hombre que primero surgió de María y luego fue reconocido como Hijo. En cambio, declara:
«pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, llegado a la condición humana, llegado a estar bajo la ley...»Ga 4.4
El enviado ya era el Hijo; su existencia no comenzó en el vientre de María. Al entrar en el mundo, Él afirma:
«Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me preparaste un cuerpo».He 10.5
El autor de Hebreos no detalla el procedimiento biológico de la preparación de ese cuerpo. Sin embargo, al combinar esta declaración con el anuncio de que lo engendrado en María era del Espíritu Santo, este estudio interpreta que la constitución corporal del Hijo provino íntegramente de la acción divina, sin aportación genética de María. Lucas declara que María quedaría encinta:
«He aquí quedarás encinta y darás a luz un hijo...» Lc 1.31
Cuando María pregunta cómo sería posible, al no conocer varón, el ángel responde:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te hará sombra; por lo cual también lo nacido será llamado Santo, Hijo de Dios»Lc 1.35
Mateo lo formula con especial precisión:
«Lo engendrado en ella es del Espíritu Santo»Mt 1.20
Lo engendrado estaba en María, pero su origen causal se atribuye al Espíritu Santo. La función de María fue gestar aquello cuyo origen Mateo atribuye a Dios. Dado que el cuerpo humano comienza su desarrollo en el estado de cigoto, esta lectura propone que Dios originó directamente ese primer estado corporal y lo introdujo en el útero de María para su desarrollo. La expresión «cigoto» no implica que la naturaleza divina se reduzca a una célula, sino que designa el primer estado corporal del Hijo de Dios hecho hombre: el comienzo microscópico del cuerpo preparado para Él. Así se formula la propuesta central:
Este estudio propone que Dios originó directamente el primer estado corporal del cuerpo preparado para su Hijo y lo introdujo en el ámbito gestacional de María. Ella quedó verdaderamente encinta, lo gestó y lo dio a luz, pero no aportó su constitución genética. María pertenecía a la descendencia natural de Adam, constituida pecadora y sometida a la Muerte; por ello, según esta propuesta, una aportación genética suya habría vinculado el cuerpo de Jesús al mismo orden adámico que Él había venido a redimir. Según lo expuesto anteriormente, la cuestión no se plantea en términos de una transmisión biológica del pecado, sino de pertenencia al orden adámico sometido al reinado de la Muerte. La genética se considera aquí únicamente como el vínculo corporal propio de la descendencia natural. Desde esta perspectiva, la acción directa de Dios preservó la condición santa e incontaminada del cuerpo preparado para el Hijo.El primer Adam fue formado directamente por Elohim sin padre ni madre humanos, y su origen directo de Dios no disminuyó su verdadera humanidad. De manera similar, el último Adam podía recibir de Dios su constitución corporal sin dejar de ser verdadero hombre.La procedencia divina de ese cuerpo permite comprender la diferencia entre María y el Hijo. Ella lo llevó verdaderamente en su vientre y lo dio a luz, pero Él no recibió de ella su origen ni su «santidad». Esta distinción se manifestará nuevamente al comienzo de su ministerio, cuando Jesús le pregunte:
«Mujer, ¿qué tengo en común contigo? Aún no llega mi hora»Jn 2.4
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