• Inicio
  • SBIA
    • Nosotros
    • Visión - Objetivos
    • Declaración de fe
    • Historia
    • Educación para todos
    • Proyectos
  • Biblia Textual
    • Características
    • Concordancia BTX IV edición
    • App (android)
    • leer en línea
    • BTX portugués
    • Consejo consultivo
    • Comprar
  • Materiales
    • Audios
    • Videos
    • Artículos
    • Programa divino de las edades
    • Otros materiales
  • Curso
    • Instructivo
    • Módulo 1
    • Módulo 2
    • Módulo 3
    • Módulo 4
    • Módulo 5
    • Módulo 6
    • Módulo 7
    • Módulo 8
    • Bibliografía
  • Catálogo
7. «¿Qué tengo en común contigo?»: de Caná a la cruz y de la cruz a Pentecostés
La distinción entre la función gestacional de María y el origen propio del Hijo puede arrojar luz sobre la respuesta de Jesús en las bodas de Caná. El relato comienza señalando:
«Y estaba allí la madre de Jesús» Jn 2.1
Cuando falta el vino, María le informa:
«No tienen vino» Jn 2.3
Jesús responde:
«Mujer, ¿qué tengo en común contigo? Aún no llega mi hora»Jn 2.4
Resulta significativo que, aunque el narrador la presenta como «la madre de Jesús», Él no se dirige a ella como «madre», sino como «mujer». El vocativo γύναι (gýnai) no expresa desprecio, pero subraya la distinción entre la relación maternal y la identidad y misión propias del Hijo.La expresión griega τί ἐμοὶ καὶ σοί (tí emoì kaì soí), que literalmente significa «¿qué a mí y a ti?», puede indicar la ausencia de una participación común en un asunto. La traducción «¿qué tengo en común contigo?» nos invita a contemplar una pregunta que trasciende la necesidad inmediata de los novios.María había gestado y dado a luz a Jesús de forma verdadera, pero pertenecía todavía a la humanidad descendiente del primer Adam y necesitaba a Dios como Salvador. El Hijo, en cambio, había sido enviado por Dios, había nacido santo y, según la propuesta de este estudio, no procedía genéticamente de María. Entre ambos existía una relación gestacional y maternal real, pero no una identidad de origen ni una participación común en la vida divina.Este patrón ya se había manifestado cuando Jesús tenía doce años. María le dijo:
«Hijo, ¿por qué nos hiciste esto? ¡He aquí tu padre y yo te hemos buscado angustiados!»Lc 2.48
Pero Él respondió:
«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que me es necesario estar en lo de mi Padre?»Lc 2.49
María había dicho «tu padre y yo»; Jesús, en cambio, dirige la atención hacia «mi Padre». No niega la crianza recibida de María y José, pero declara que su procedencia, pertenencia y misión deben entenderse desde su relación con el Padre.La misma distinción reaparece cuando le anuncian que su madre y sus hermanos lo buscan. Jesús pregunta:
«¿Quién es mi madre y mis hermanos?».Mr 3.33b
Y declara:
«Cualquiera que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano y hermana, y mi madre».Mr 3.35
La verdadera familia del Hijo no está constituida por la descendencia carnal, sino por quienes hacen la voluntad de Dios.En Caná, la continuación de la respuesta resulta decisiva:
«Aún no llega mi hora».
En el Evangelio de Juan, la hora de Jesús comprende su entrega, muerte, resurrección y glorificación. Cuando aquella hora finalmente llega, María vuelve a aparecer junto a Él. Desde la cruz, Jesús no la llama «madre», sino nuevamente:
«Mujer, he ahí tu hijo».
Después dice al discípulo:
«He ahí tu madre».Jn 19.26-27
Caná y la cruz quedan así enlazadas por el mismo vocativo «mujer». En Caná, la hora todavía no había llegado; en la cruz, aquella hora se estaba cumpliendo. Y al cumplirse, Jesús establece una nueva relación: no se presenta a sí mismo como el hijo cuya identidad procede de María, sino que confía a la mujer que lo había gestado al cuidado de uno de sus discípulos. Después de su muerte, resurrección y ascensión, María aparece reunida con los apóstoles y los demás discípulos:
«Todos estos estaban unánimes, dedicados constantemente a la oración, con las mujeres, y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos».Hch 1.14
Cuando llegó Pentecostés:
«Y todos fueron llenos del Espíritu Santo». Hch 2.4a
María no aparece entonces como fuente de la santidad o de la vida del Hijo, sino entre quienes reciben del Hijo glorificado el Espíritu prometido. La mujer que lo había llevado en su vientre necesitaba recibir de Él la vida procedente de Dios.Sin embargo, que el Hijo no recibiera de María su origen genético ni su condición santa no significa que su humanidad fuera aparente o incompleta. El cuerpo preparado para Él era verdaderamente humano: podía producir sangre, padecer y morir. Queda, por tanto, una cuestión fundamental:
Si el Hijo no recibió de María su constitución genética, ¿participó verdaderamente de sangre y carne?
SEGUIR LEYENDO...
MENÚ DEL ARTÍCULO
Copyright © All rights reserved.
Contacto
info@labiblia.org
SECRETARÍA 3101 SW 156 Av. Miami.FL 33185. USA Telf. +1 (786) 443-5822
CONTABILIDAD 3325 Hollywood Blvd. Ste. 400-B Hollywood, FL 33021. USA
TRADUCCIÓN / PROMOCIÓN C/Valencia 200. 4.2. Barcelona 08011. España Telf. +34 653213771

We use cookies to enable essential functionality on our website, and analyze website traffic. By clicking Accept you consent to our use of cookies. Cookies and Privacy Policy.

Your Cookie Settings

We use cookies to enable essential functionality on our website and analyze website traffic. For more information, read our Cookies and Privacy Policy below..

Cookie Categories
Essential

These cookies are strictly necessary to provide you with services available through our websites.

Analytics

These cookies collect information that is used in aggregate and in an anonymized form to help us understand how our website is being used and how effectively our site is performing.