2. El Redentor y su sangre
La sangre derramada para la redención no podía pertenecer a otro integrante de la humanidad que necesitara primero ser redimido. El hombre que entraría en la Muerte por los demás debía estar libre de aquello que había sometido a los descendientes de Adam: el pecado.Esta condición fue anunciada antes de su nacimiento. El ángel declaró a María:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te hará sombra; por lo cual también lo nacido será llamado Santo, Hijo de Dios».Lc. 1.35
También lo nacido sería Santo. No se trataba de un pecador que después sería purificado, escogido o santificado. Desde su entrada en la condición humana era Santo, Hijo de Dios. Y así permaneció durante toda su vida. Hebreos declara que ha sido:
«...probado en todo, según nuestra semejanza, excluido el pecado».He. 4.15
Pedro confirma:
«El cual no hizo pecado ni fue hallado engaño en su boca».1 P 2.22
Y Juan afirma:
«... en Él no hay pecado».1 Jn. 3.5
Por eso podía ocupar el lugar de los pecadores sin necesitar una ofrenda por sí mismo. Hebreos lo presenta como:
«Santo, inocente, incontaminado, separado de los pecadores y exaltado por encima de los cielos».He 7.26
Esta santidad era indispensable porque el precio de la redención sería su propia sangre. Pedro declara que fuimos rescatados:
«...con la sangre preciosa del Ungido, como un cordero sin mancha y sin defecto».1 P 1.19
La imagen procede de las ofrendas exigidas por la ley: el animal destinado al altar no podía presentar defecto. Pero en el Ungido la ausencia de mancha no era meramente exterior. Él mismo debía estar libre de pecado para poder entregar su vida por otros.El Redentor debía, por tanto, nacer Santo, vivir sin pecado y presentarse sin mancha ante Dios. María pertenecía a la humanidad necesitada de salvación; el Hijo debía venir como el Salvador que entregaría por ella y por los demás su sangre preciosa. De aquí surge una nueva pregunta:
Si el Redentor debía nacer santo, permanecer sin pecado y ofrecer una sangre sin mancha,
¿cómo podría realmente asumir la condición humana sin quedar incluido en el mismo orden adámico que había venido a redimir?