4. Lo engendrado estaba en María, pero era del Espíritu Santo
Lucas narra el inicio de la encarnación del Hijo en el mundo. El ángel se presentó ante María con el siguiente anuncio:
«¡No temas, María, porque hallaste gracia ante Dios!
He aquí quedarás encinta y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús».Lc 1.30-31
La expresión griega συλλήμψῃ ἐν γαστρί (syllḗmpsēi en gastrí), se traduce literalmente como «quedarás encinta en el vientre». Comunica el estado de gravidez. συλλήμψῃ (syllḗmpsēi) es una forma del verbo συλλαμβάνω (syllambánō) que significa aquí «quedar encinta», mientras que ἐν γαστρί (en gastrí) indica el espacio físico donde se gestaría y desarrollaría el nuevo ser: el vientre de María. Este anuncio establece, por tanto, una gestación real. María llevaría al Hijo en su vientre y lo daría a luz. Sin embargo, aún quedaba por explicar cómo se originaría lo que sería gestado en ella. Por ello, María preguntó:
«¿Cómo ocurrirá esto, puesto que no conozco varón?».Lc 1.34
María era consciente de que ningún hombre había intervenido. La respuesta del ángel atribuye el acontecimiento directamente a Dios:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te hará sombra;
por lo cual también lo nacido será llamado Santo, Hijo de Dios».Lc 1.35
La santidad del nacido queda unida a la acción divina que da origen al evento. El que nacería sería llamado Santo, Hijo de Dios, porque el Espíritu Santo vendría sobre María y el poder del Altísimo la cubriría con su sombra.
El evangelista Mateo presenta la misma realidad desde la perspectiva de José:
«Estando prometida en matrimonio su madre María con José,
antes de juntarse, fue hallada en encinta del Espíritu Santo».Mt 1.18
José sabía que el hijo no era suyo. Por eso, el ángel le explicó:
«No temas recibir a María tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo».Mt 1.20
El texto griego dice:
τὸ ἐν αὐτῇ γεννηθέν |
tò en autêi gennēthén |
«lo engendrado en ella» |
y después:
ἐκ πνεύματός ἐστιν ἁγίου |
ek pneúmatós estin hagíou |
«es del Espíritu Santo». |
La preposición ἐν (en) indica el lugar donde se encontraba lo engendrado: en María. La preposición ἐκ (ek) atribuye su procedencia u origen causal al Espíritu Santo.Lucas y Mateo coinciden así en una misma distinción. Lucas anuncia que María quedaría encinta en el vientre; Mateo declara que lo engendrado estaba en ella. Pero ambos atribuyen el origen del acontecimiento a la acción del Espíritu Santo. María y el Espíritu Santo no desempeñan, por tanto, la misma función. María es presentada como la mujer en cuyo vientre se encontraba y desarrollaba lo engendrado; el Espíritu Santo es presentado como el origen causal del acontecimiento.La Escritura ya atribuye a Elohim las acciones de engendrar y dar a luz. Moisés declara:
«Despreciaste a la Roca que te engendró y te olvidaste del Dios que te dio a luz».Dt 32.18
En el Salmo se dice al Hijo:
«Mi Hijo eres Tú, Yo te he engendrado hoy». Sal 2.7
Y Dios pregunta a Job:
«¿Tiene padre la lluvia? ¿Quién engendró las gotas de rocío? ¿De qué matriz proviene el hielo?
Y la escarcha de los cielos ¿quién la engendró...».Job 38.28-29
El lenguaje bíblico presenta a Elohim como el originador, sin implicar una generación sexual humana. De este modo, cuando Mateo afirma que lo engendrado en María era del Espíritu Santo, atribuye a Dios el origen de aquello que María gestaría y daría a luz.La narración establece, por tanto, tres hechos:
- María quedó encinta en su vientre
- Lo engendrado se encontraba en ella
- Su origen se atribuye al Espíritu Santo
Esta distinción nos lleva a una cuestión biológica fundamental que debe examinarse antes de formular la tesis:
¿Es posible que una mujer geste y dé a luz verdaderamente
sin aportar la constitución genética del ser que se desarrolla en su vientre?