1. El primer Adam y la humanidad
- Para entender la condición de la que la humanidad necesitaba ser redimida, Pablo nos remite al primer hombre:«Por tanto, como el pecado entró en el mundo por medio de un hombre, y por el pecado la Muerte, así también la Muerte se extendió a todos los hombres en base a lo cual todos pecaron».Ro 5.12A través de Adam y Havah, el pecado y la Muerte entraron en el mundo, afectando a toda su descendencia. Desde entonces, los hijos de Adam nacen en una condición que los precede y los domina. Pablo explica que el pecado ya existía en el mundo antes de la ley. Aunque todavía no existía el código mosaico para que el pecado fuera contado como transgresión expresa, los hombres seguían muriendo. Por ello declara:«La Muerte reinó desde Adam hasta Moisés...» Ro 5.14Esto no significa que la Muerte dejó de reinar con Moisés. El período entre Adam y Moisés demuestra precisamente lo contrario: incluso sin la ley, el pecado estaba presente y la Muerte dominaba a la humanidad. La llegada de la ley no puso fin a ese reinado; solo hizo manifiesta la transgresión. Por eso Pablo hablará más adelante de quienes reciben la abundancia de la gracia y «reinarán en vida por medio de Uno, Jesús ungido», en contraste con el reinado de la Muerte (Ro 5.17). La muerte de todos, incluso de aquellos que no habían pecado mediante una transgresión similar a la de Adam, evidenciaba que las consecuencias de su desobediencia habían alcanzado a su descendencia:« porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así por la obediencia de Uno los muchos serán constituidos justos».Ro 5.19Los muchos fueron constituidos pecadores. La humanidad quedó establecida dentro del orden inaugurado por la desobediencia de Adam: pecado, condenación y Muerte. Sin embargo, el mismo versículo anuncia que la obediencia de Uno establecería una condición nueva. Por eso Pablo resume:«... (porque así como la Muerte vino por medio de un hombre, también por medio de un Hombre la resurrección de los muertos); porque así como en el Adam todos mueren, así también en el Ungido todos serán vivificados».1 Co 15.21b-22La afirmación «en el Adam todos mueren» no excluye a ningún descendiente natural del primer hombre. Toda la humanidad pertenece a ese orden y necesita ser librada de él.María tampoco es una excepción. Era hija de Adam y pertenecía a la humanidad sobre la que se extendieron el pecado y la Muerte. Ella misma reconoce su necesidad de salvación cuando declara:«Y mi espíritu se regocijó en Dios, mi Salvador».Lc 1.47María fue una mujer favorecida por Dios, pero también necesitaba un Salvador. Pertenecía, como los demás seres humanos, a los muchos constituidos pecadores por la desobediencia del primer Adam. Esto no significa que el pecado sea una sustancia localizada en los genes o cromosomas. El problema no se plantea en términos de una transmisión biológica del pecado, como si existiera un gen pecaminoso. La Escritura describe una realidad distinta: toda la descendencia natural de Adam pertenece al orden humano constituido pecador y sometido a la Muerte. La evidencia de esta condición no es un marcador genético, sino el hecho universal señalado por Pablo: la Muerte reina sobre todos y en Adam todos mueren (Ro 5.12-19; 1 Co 15.22). La genética se considera aquí únicamente como el vínculo corporal de la descendencia natural mediante el cual un hijo recibe su constitución humana de quienes lo engendran.Sin embargo, Pablo añade que Adam es figura del que había de venir (Ro 5.14). El primer hombre no solo está en el origen del problema, sino que también anticipa, por contraste, al hombre que vendría para revertirlo. Frente a la desobediencia de uno se alza la obediencia de Uno; frente a la condenación, la justificación; frente al reinado de la Muerte, la Vida. Pero la liberación de la humanidad no podía realizarse sin derramamiento de sangre. La ley ya había establecido que la vida de la carne está en la sangre y que esta fue dada sobre el altar para hacer expiación (Lv 17.11). Hebreos confirmará que sin derramamiento de sangre no hay liberación (He 9.22).De aquí surge la pregunta que guiará el resto del estudio:Si toda la descendencia natural de Adam se encuentra bajo pecado y Muerte, ¿qué condiciones debía reunir el Hombre cuya sangre sería derramada para expiar y redimir a esa misma humanidad?